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Anécdotas y reflexiones de un año en Tailandia


Hace un año comenzó nuestra gran aventura, tras despedirnos de nuestros familiares y amigos en el aeropuerto de Bilbao, nos embarcamos con la incertidumbre de si seríamos capaces de adaptarnos a un país y a una cultura tan diferentes. Conocíamos el país, pero no era lo mismo estar viajando durante 3 semanas que vivir durante un tiempo. Parece que fue ayer cuando publicabamos nuestro post: Nos vamos a vivir a Tailandia.

Tailandia nos recibía con los brazos abiertos y con casi 40º de temperatura, un calor y una humedad a la que hemos tenido que acostumbrarnos, aunque el aire acondicionado de los centros comerciales, restaurantes y bares nos ha ayudado mucho a sobrellevar las altas temperaturas.

La adaptación en un país como Tailandia no es del todo complicada, aunque requiere de cierta paciencia. No obstante, la propia gente hace que sea realmente fácil adaptarse y coger el ritmo de una cultura donde la palabra prisa, no existe. En unas pocas semanas, ya estábamos prácticamente integrados en la rutina local y descubriendo poco a poco los rincones de Chiang Mai. Sin darnos cuenta, se había convertido en nuestra nueva casa.

Cómo os imagináis un año da para mucho y Tailandia da para varias anécdotas y reflexiones, os dejamos algunas de ellas:

 

1 – Menos es más

En Tailandia, y sobre todo en las ciudades y poblados más pequeños, la gente local es increíblemente servicial, dispuestos a ayudarte en cualquier momento. Esto demuestra una vez más, que quien menos tiene es el que más te da.

 

2- Envíos curiosos

Las furgonetas en las que nos desplazamos por algunas zonas del país, en ocasiones hacen pedidos un poco especiales. En una de nuestras escapadas, sentados en la parte trasera del vehículo, escuchábamos ruidos extraños entre las mochilas que se amontonaban tras nosotros. Dentro de una caja de cartón, comenzamos a escuchar lo que parecían cacareos, confirmando que teníamos una gallina como acompañante, sobre todo cuando el olor a mierda de gallina empezó a invadir la furgoneta. La gente se miraba extrañada entre sí, y haciendo muecas para dejar claro que ellos no habían sido los responsables.

 

3 – Sin gasolina

Dos de la madrugada y ni un alma en la carretera, volviendo a casa con la moto y a falta de 4 kilómetros, la moto se para. ¡Nos hemos quedado sin gasolina! Eso nos pasa por apurar.

La gasolinera más cercana estaba justo al lado de nuestra casa, así que nos tocaba dar un paseo con la moto a rastras. Pasaron un par de coches, pero ninguno se paraba a ayudarnos. Por suerte, un chico local que pasaba con la moto se ofreció a llevarnos, hasta ahí pensamos: Genial, uno de los dos puede ir con él hasta la gasolinera para comprar una botella de gasolina y volver para llenar la moto.

El muchacho no hablaba  inglés y nosotros tampoco tailandés, entonces mediante gestos intentamos comunicarnos. Después de un rato, los gestos del motorista no parecían decirnos lo que nosotros queríamos, él quería que uno se subiera a nuestra moto y el otro se subiese con él. De esta manera, con su moto detrás de la nuestra fue empujándonos con su pie, impulsándonos hasta llegar a la gasolinera. En cuanto bajamos de la moto, desapareció cual fantasma casi sin darnos tiempo a darle las gracias.

 

Un año en Tailandia

 

4 – Lo que no se hace hoy, se hará mañana

Una de las cosas que más nos han llamado la atención a lo largo de este año, es la parsimonia con la que se toman la vida los locales. Y lejos de criticarlo, creo que es una gran virtud, la de tomarse la vida con tranquilidad, sin prisa ni estrés.

Si, requiere un poco de paciencia esperar más de la cuenta a que en algún establecimiento te atiendan, incluso, en las oficinas de inmigración, por todos es sabido que vas a estar unas cuantas horas allí metido hasta que sea tu turno.

 

5 – La amabilidad de la gente

Como ya he dicho al comienzo del artículo, la gente tailandesa es muy amable siempre que tu actitud hacia ellos sea también de respeto y amabilidad. Al principio, su carácter para abrirse a ti es un tanto difícil, no son gente que coja confianza rápidamente. Sin embargo, en cuanto te conocen bien y comprueban que eres de fiar, son muy cercanos.

Eso sí, no enfades nunca a un tailandés, ni le hables mal de su país, ya que ahí eres tú quien tiene las de perder. Tienen muy mala leche y si vas a enfrentarte a ellos, más vale que tengas dos buenas piernas para correr, porque delante de ti se juntarán varias personas para defender a su compatriota.   

 

Un año en Tailandia

 

6 – Accidente de moto

Dicen que en Tailandia hay dos tipos de personas, los que han tenido un accidente de moto, y los que en algún momento de su vida allí, lo sufrirán. Después de 9 meses viviendo en Chiang Mai, conociendo cada vez mejor la ciudad, sus calles y los peligros que puedes encontrarte, parecía cada vez más improbable tener un accidente.

Pero, de la noche a la mañana, pasamos a formar parte del primer grupo de personas. De la manera más tonta, en una curva en la que había polvo en el suelo, los dos nos fuimos al suelo. No fue un accidente grave, aunque Sandra se llevó la peor parte al necesitar varios puntos de sutura en su rodilla. Lo demás, un susto.

Una vez más, quedó demostrada la amabilidad de la gente cuando un conductor paró para ayudarnos y acercar a Sandra al hospital para ser atendida.

 

7 – Música

Music everywhere! Les encanta la música, es más, como músico puedo decir que el nivel que tienen es muy bueno. Desde el grupo que toca en el garito más lúgubre, a los que tocan en grandes locales. En Chiang Mai cada noche se puede disfrutar de música en directo en muchos bares y restaurantes del centro de la ciudad o en la zona del night market.

Dos recomendaciones: Northgate Jazz Club, situado en la parte norte de la muralla. Y el restaurante Loco Elvis, donde la comida no es su fuerte, pero el grupo de rock que toca allí cada noche es realmente bueno.

 

8 – La hora de la comida

Vayas a la hora que vayas a un restaurante o a un mercado de comida, siempre hay tailandeses comiendo. Les encanta comer, lo de las cinco comidas al día (quizás alguna más) lo tienen claro.

 

Un año en Tailandia

 

9 – Siempre hay una buena excusa para celebrar

A los tailandeses les gusta la fiesta, las actividades, las celebraciones… Por eso, no es extraño encontrarte durante tu estancia con algún tipo de festividad. Nosotros, recién llegados a Chiang Mai, nos encontramos con una curiosa actividad en el templo de Wat Pha Lat, donde los estudiantes que comenzaban la universidad realizaban una especie de gimkana por los alrededores de este bonito lugar.

Sin duda, es una sociedad a la que le gusta divertirse, estar con los suyos y disfrutar de la vida, y eso, es una lección que se aprende cuando conoces más de cerca su forma de vida y su cultura. Así es nuestro país de acogida.

 

Un año en Tailandia

 

Ahora, tras volver a casa, la sensación es un poco extraña. Nos sentimos descolocados después de tanto tiempo, como si nada hubiese cambiado pero a la vez todo fuese diferente, viéndolo todo con otros ojos, desde otro punto de vista. Las circunstancias por las que nos vimos obligados a volver antes de tiempo también han hecho que veamos todo de otra manera, desde otra perspectiva y cambiando nuestras prioridades. Cosas que antes nos parecían de extrema importancia, hoy no lo son tanto. Vivir el presente, sin obsesionarnos por el mañana, es la enseñanza que nos ha mostrado la vida.

En unos días volvemos de nuevo a Tailandia, con más ganas que nunca por vivir la experiencia y aprovechar cada momento. De disfrutar este proyecto que se llama Recomiendo el Mundo el cual poco a poco nos va dando más alegrías, y ayudando a viajeros como vosotros a vivir la experiencia de conocer este increíble país.

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