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Jaisalmer, la entrada del desierto del Thar


Tras unas 12 horas de tren nocturno desde Jaipur, en el que dormimos como marmotas, llegamos por fin a Jaisalmer, la entrada del desierto del Thar. En la puerta de la estación nos esperaba un jeep para acercarnos a nuestro hotel, el “Shahi Palace”, regentado por una familia que nos trató fenomenal durante toda la estancia.

Hasta aquí puede parecer normal, un hotel en el que te tratan genial y atentos en todo momento, pero es que resultó que a Hemant y a su hermano Pawar los encontramos en couchsurfing buscando un colchón donde dormir durante nuestra estancia y lo que nos ofrecieron no fue un colchón, sino una habitación en su propio hotel completamente gratis.

 

Jaisalmer

 

Jaisalmer, situada al noroeste de India, es también conocida como “la cuidad dorada” gracias a la piedra arenisca del desierto con la que fueron construidos los edificios, que con la luz del atardecer parecen brillar como si de oro se tratase. Nada más llegar ya notamos que esta ciudad era diferente, se respiraba un ambiente que nada tenía que ver con nuestras anteriores paradas. ¡Habíamos llegado al desierto!

Situada en el estado del Rajastán, Jaisalmer tiene una población de alrededor de 70.000 habitantes, y cuenta con una gran riqueza arquitectónica reflejada en sus havelis y en el fuerte, visible casi desde cualquier punto de la ciudad, situado en una colina de roca arenisca de 80 metros de altitud.

Tras coger fuerzas con la riquísima gastronomía india en la terraza del hotel con unas vistas privilegiadas al fuerte, salimos a recorrer la ciudad por su parte baja, el fuerte lo dejaríamos para otro momento. Las calles estrechas de la ciudad, los colores, la gente o la vida que se respiraba en cada rincón hacían que perderse fuera lo mejor que podía pasar para encontrar rincones únicos.

 

Jaisalmer

Jaisalmer

 

Descubriendo Havelis y tiendas con encanto

Los haveli son casas y mansiones tradicionales construidas en la India, Pakistan, Nepal y Bangladés con una gran importancia histórica y arquitectónica. Edificios de más de 200 años de historia, muchos de ellos están construidos de una manera muy peculiar, al mismísimo estilo Lego, sin ningún gramo de cemento. Los bloques y las piezas de decoración se ensamblaban mediante un sistema de herrajes y muescas en la propia piedra, que al girarlas se fijaban a otra de las piezas. Una forma curiosa de levantar estos bellísimos edificios, pero aún nos preguntamos cómo siguen en pie.

Salim Singh Ki Haveli

Construido en el S.XVIII, cuenta con 38 balcones y en él habitó el primer ministro Salim Singh. Este haveli es diferente al resto gracias a su construcción, la cual cuenta con varios pisos, siendo el último más grande que los anteriores. La historia cuenta que el primer ministro ordenó construir dos pisos más con el fin de hacer el edificio tan alto como el propio fuerte, e incluso construir un puente con el que unirlos, a lo que el Marajá, quien lo tomó como una ofensa, ordenó derribarlos.

Otra historia cuenta, que desde la ventana del último piso, frente a la torre donde se alojaban sus concubinas, el primer ministro se comunicaba por señas con su preferida, para que el resto no les escuchara y no tomaran represalias contra ella. Todo un romántico el señor primer ministro.

El horario de apertura va desde primera hora de la mañana hasta las 17:00h. y el precio es de 30Rs. mas 20Rs. por la cámara de fotos.

 

Jaisalmer

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Patwa Ki Haveli

La importancia de este haveli es que fue el primero que se construyó en Jaisalmer allá por el año 1805 por Guman Chand Patwa, un comerciante de renombre en su época. Además, su importancia reside en que no se trata solamente de un haveli, sino de 5 pequeños havelis construidos para sus 5 hijos, y conocidos también como “la mansión de los comerciantes de brocado”.

El ticket de entrada a Patwa Ki Haveli cuesta 50Rs y su horario es de 10:00h a 17:00h.

 

Jaisalmer

 

Nathmal Ki Haveli

El Nathmal Ki Haveli fue construido en el S.XIX y fue utilizada como residencia del primer ministro durante una época. Hoy en día, aún está parcialmente habitada. Su fachada imponente llena de detalles, y su interior, el cual alberga unas hermosas pinturas en su primer piso, hacen de este lugar un imprescindible en Jaisalmer.

Las alas izquierda y derecha del edificio fueron construidas por dos competitivos hermanos,  cuyos espíritus competitivos produjeron este virtuoso trabajo. Ambos lados son similares pero no idénticos.

Nathmal Ki Haveli permanece abierto también de 10:00h. a 17:00h. y la entrada cuesta 50Rs.

 

Jaisalmer

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Recorriendo las angostas calles descubríamos tiendas y bazares de todo tipo, joyas, cuero, ropa…y nos dimos cuenta que a diferencia de otros lugares de la India, Jaisalmer nos dejaba disfrutar de cada establecimiento o de cada esquina sin el agobio de los dueños que te invitan a entrar insistentemente a su tienda.

De esta manera, pasear por el centro de la ciudad se convertía en un tranquilo paseo únicamente alterado por las vacas que invadían las calles y que teníamos que esquivar o saltar para continuar avanzando.

De repente una persona nos llamó la atención, junto con su tienda de cuero. Sin ninguna intención de invadirnos para entrar, el amable y simpático dueño nos invitó a echar un vistazo. Se trataba de un negocio familiar que había continuado a lo largo de varias generaciones, donde trabajaban el cuero de una manera magistral.  Ni qué decir tiene, que por su amabilidad y por su gran trabajo, no pudimos resistirnos a comprar varios productos, mientras nos explicaba la historia de su familia mediante fotos.

Jaisalmer

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La magia del desierto

Al día siguiente teníamos una cita muy especial, ¡nos íbamos al desierto! Para evitar las horas de más calor, la excursión que contratamos en el hotel por 1450Rs. cada uno, comenzaría a las 14:30h., hora a la que un jeep nos esperaba en la puerta para comenzar nuestra aventura.

El desierto de Thar limita con India al noroeste y con Pakistan al este, aunque la gran mayoría pertenece a India, y su terreno, con una vegetación dispersa y elevaciones rocosas, está formado por colinas de arena y dunas de hasta 450 metros de altitud. Está habitado por una escasa población repartida en pequeños poblados que se dedica al pastoreo, y a la fabricación de cuero y lana.

Tras recorrer unas pistas de tierra bastante moviditas, realizamos las primeras paradas en un pueblo abandonado del desierto, y en un oasis. El primero de ellos apenas tenía dos o tres edificios en pie, se veía que hacía tiempo que no estaba habitado, aunque al parecer se estaban realizando diversas obras para la rehabilitación de los edificios derrumbados. El oasis por su parte, diremos que se trataba de una charca con dos palmeras en mitad del desierto, con una apariencia bastante artificial.

Al volver al jeep, solo esperábamos que el panorama cambiase un poco después de pasar por las dos paradas anteriores sin pena ni gloria. Pero lo cierto es que el panorama cambió, y mucho.

 

Jaisalmer

 

Dejando atrás las pistas y adentrándonos más en el desierto, recalamos en un poblado de pastores apenas habitado por una veintena de personas, la mayoría niños, que no dejaban pasar la oportunidad de sacarse una foto con nosotros y aprovechar para pedir dinero, no olvidemos que estamos en India. Casas humildes construidas de adobe y paja, pequeños rebaños descansando en la sombra, los mayores contando cómo es el día a día en el desierto y los más pequeños jugando con los nuevos visitantes de su poblado, la estampa era increíble, la tarde estaba empezando a mejorar.

El plato fuerte llegó al final. Nuestros camellos esperaban tumbados para comenzar nuestra travesía y adentrarnos en la profundidad del desierto hasta las dunas donde veríamos el atardecer. Después de una hora de trayecto y el culo un poco dolorido (por decirlo de una forma suave), llegamos a nuestro destino, justo a tiempo para contemplar cómo el sol se metía por detrás de las dunas y disfrutar de un atardecer perfecto desde lo alto con una perspectiva inmejorable e indescriptible. Ojalá se pudiese parar el tiempo en esos momentos.

 

Jaisalmer

Jaisalmer

 

Escuchamos voces que provenían desde la parte baja de las dunas, los guías nos llamaban desde una zona habilitada para preparar la cena. Poco a poco la luz iba apagándose y nos sumergimos en la más absoluta oscuridad del desierto, solamente iluminada por el fuego que habían encendido para cocinar y la hoguera que prepararon para nosotros. No pudimos contener la curiosidad y nos acercamos a la cocina improvisada, donde acabamos sentados junto a los guías amasando el chapati mientras terminaban de cocinar nuestro aperitivo a base de pakoras.

 

Jaisalmer

 

La cena estaba lista, y el momento no podía ser mejor, sentados en el suelo y sobre unas mesas improvisadas degustamos el riquísimo thali que habían preparado, y en el cielo, un manto de estrellas nos acompañaba durante la velada mientras charlábamos con nuestros compañeros de aventura.

La luz de la luna iluminó el camino de vuelta al jeep, y aun nos sobró tiempo para una última aventura nocturna, que era salir del desierto. Un viaje muy movido, más aun después de cenar, que no nos impidió disfrutar del divertido trayecto.

 

NOTA: Ofrecen también excursiones para pasar la noche en el desierto, y volver a la mañana siguiente, así que si estás interesado pregúntalo en el lugar donde reserves tu aventura.

 

El Fuerte dorado de Jaisalmer y los Cenotafios Reales de Bada Bagh

El último día aun teníamos pendiente subir al fuerte, así que nos pusimos manos a la obra. Un rickshaw nos acercó hasta la base del mismo desde donde comenzamos la ascensión. No resulta duro subir andando, pero el calor apretaba e íbamos buscando la poca sombra que ofrecía el camino.

A ambos lados, mujeres vendiendo saris, joyas y telas, además de las omnipresentes vacas, nos daban la bienvenida. Nos preguntábamos como lo hacían los antiguos mercaderes para llegar hasta allí arriba con sus carros y su mercancía sin desparramar todo por el suelo.

 

Jaisalmer

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Una vez arriba, la sensación era de encontrarse en otra época, con vendedores ofreciendo sus productos a ambos lados de las estrechas calles, telas y artesanía colgando de las paredes, y un bullicio propio de cualquier mercado local.

El fuerte, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es en sí una ciudad dentro de Jaisalmer, con negocios, templos y casas. Y donde, cómo en todo India, la vida local transcurre en las propias calles. Fue construido en el año 1156 por Rawal Jaisal, y su ubicación, punto importante en la Ruta de la Seda, se convirtió en un centro de comercio internacional facilitando el comercio entre Persia, Arabia, Egipto, África y China.

En el interior de aquellos muros se pueden encontrar edificios importantes como el Palacio Real, el templo Laxminath, varios templos jainistas construidos entre el S.XII y S.XIV y algunos de los havelis mejor conservados de la ciudad.

Jaisalmer

 

Jaisalmer

Tras pasar la mañana recorriendo las callejuelas, haciendo alguna compra y comiendo en un restaurante con unas vistas privilegiadas de la ciudad, quisimos aprovechar la tarde para visitar una de las construcciones más significativas de Jaisalmer, los cenotafios reales de Bada Bagh.

Bada Bagh se encuentra a 6 kilómetros al norte de Jaisalmer donde podrás llegar fácilmente negociando con un rickshaw. Tras la muerte del Maharajá Jai Singh II en 1743, su hijo, ordenó construir un cenotafio en honor a su padre en una colina junto al lago y el jardín que había creado. Después de él, otros cenotafios fueron construidos en honor a posteriores maharajás, creando este conjunto de tumbas, donde se realizaban también ritos Sati, donde la mujer o mujeres del maharajá era quemada viva en la pira funeraria como acto de amor, u obligadas por la familia del fallecido para quedarse con las pertenencias que heredaba la mujer.

 

Jaisalmer

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Aunque poco queda de los jardines y el lago que se construyeron en aquella época, el lugar no deja indiferente, y tanto las construcciones como el solitario lugar, lo dotan de un cierto misticismo.

Antes de despedirnos de Jaisalmer, le pedimos al conductor del rickshaw que nos llevara a un buen lugar para apreciar el atardecer y comprobar de primera el porqué del nombre de la ciudad dorada. No nos defraudó, ya que en unos minutos estábamos en lo alto de un cerro, con unas vistas increíbles del fuerte y de toda la ciudad, y con la luz del atardecer reflejando en sus edificios.

 

Jaisalmer

 

Por este y por el resto de los momentos, Jaisalmer se convirtió hasta el momento en nuestro lugar preferido del norte de India, lo cual corroboramos al final de nuestro viaje. Y es que la ciudad dorada tiene algo diferente, quizás sea el ritmo, su gente o su paisaje desértico, pero Jaisalmer, la entrada del desierto del Thar, nos ofreció una perspectiva nueva del país y unas costumbres arraigadas en cuanto a estilo de vida y cultura, cómo la música del desierto que aún resuena en nuestras cabezas.


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