Abrí el ojo cuando el sol comenzaba a entrar por la ventana e iluminaba parte de la habitación del Riad Dar Latigeo, en el corazón de Essaouira. Aunque por el nombre pueda parecer un local de dudosa reputación… lo cierto es que se trataba de un lugar agradable, de paredes blancas, decoración local y el patio típico de los riad.
Nos hubiésemos quedado tan a gusto entre las sábanas, disfrutando del hotel y del delicioso desayuno que nos esperaba bajando las escaleras, pero habíamos llegado desde el desierto hasta este puerto de la costa Atlántica para descubrir cada rincón de Essaouira, de la que tan buenos comentarios habíamos escuchado.
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Essaouira no siempre ha sido Essaouira, quizás sí en esencia, pero no en lo que respecta a su nombre. Allá por el S.XV, los descubridores portugueses llegaron hasta esta costa, construyeron las primeras fortificaciones y dieron a la ciudad el nombre de Mogador.
A partir de aquí y durante más de tres siglos, la ciudad se conviertió en uno de los puertos más importantes de Marruecos y vivió una auténtica época dorada. Mercaderes de toda Europa vieron la posibilidad de prosperar en sus negocios, y se instalaron por todos los rincones de la medina, dotando a la ciudad de una gran riqueza, tanto económica como cultural.

Hoy en día, al salir a la calle, aún se respira ese ambiente de mercaderes, entre estrechas callejuelas de casas encaladas con las puertas y ventanas azules. Y allí, en medio del bullicio, y esquivando los carros que transportaban las maletas de otros curiosos que llegan a la ciudad, saltamos al ruedo para conocer una de las ciudades más bellas de Marruecos, para contarte bajo estas líneas qué ver en Essaouira.
¿Qué ver en Essaouira?
Essaoiura no es una ciudad para ver, si no un lugar para sentir, para dejarse llevar. Descubrir el olor del mar, escuchar el alboroto de sus calles, saborear su gastronomía, palpar cada piedra para conocer su historia o ver de cerca el ajetreo de la venta de pescado en el puerto, un viaje a través de los sentidos que transportan a un lugar que difícilmente se puede olvidar.



La Medina
En pleno apogeo de la ciudad, en pleno S.XVIII, se construyeron las murallas que rodean la medina de Essaouira, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Una vez que se cruzan cualquiera de sus tres puertas, Bab Doukkala, Bab Marrakech o Bab Sebaa, la magia hace su aparición. Es como si la vida solamente se concentrara en el interior, y que apenas se saliera de allí salvo para acudir a la playa de la ciudad.
La importancia que tenía Essaouira en su época dorada, la situaba en el punto de mira de piratas cuyo objetivo era la flota comercial marroquí. Para combatir esos ataques, se construyeron fortificaciones como las Skala du Port o la Skala De la Ville, cuya batería de cañones disuadía cualquier ataque por mar, menos si te llamas Daenerys Targaryen, quien sí llegó hasta estas murallas para liberar a los esclavos en Juego de Tronos.


Además, dentro de la medina, se pueden encontrar lugares interesantes como la Gran Mezquita, Sidi Youssef, el zoco El Jdid, o el Mellah o barrio judío, donde destacan las sinagogas Slat Lkahal y Simon Atta, y el mercado.
Sin embargo, uno de los mejores pasatiempos de la medina, es perderse por sus estrechas calles para descubrir rincones únicos, tiendas de artesanía y mercados menos frecuentados. No te preocupes por perderte, en la medina siempre encontrarás la salida.
Si al igual que nosotros, llegas a Essaouira en coche, debes saber que el acceso a la Medina está totalmente restringido a vehículos, por lo que tendrás que dejar el coche en las calles aledañas. Verás que en casi cada calle, se te acercará el gorrilla de turno para exigir el pago por el estacionamiento, y aunque en un primer momento nuestro impulso era el de pasar de él, accedimos a abonar la cantidad que nos reclamaban, 40MAD por día, alrededor de 3,75€.


El puerto de Essaouira
Aunque se encuentra también dentro de la medina, el puerto de Essaouira merece una mención aparte, uno de los lugares imprescindibles que ver en Essaouira. Es la parte más auténtica de la ciudad, donde los pescadores subastan el pescado que han capturado a compradores locales o restaurantes.
Aquí se respira un ritmo frenético, además de un fuerte olor a pescado (es lo que tienen los mercados de este tipo), pero sus barcos azules amarrados en el puerto rodeados por la Skala du Port, te sumerge en una atmósfera única, y sobre todo, real.
Nada de vendedores que llaman tu atención para venderte su cerámica, o para afeitarte la barba…Sí…para ellos yo era Ali Babá. En el puerto puedes pasear sin ningún tipo de distracción, aquí solamente actúan los locales, pescadores y consumidores locales, con el permiso de las gaviotas.


La playa de Essaouira
Como buena ciudad costera, no podía faltar la playa para relajarse, rebozarse en la arena y darse un buen chapuzón. Kilómetros y kilómetros de arena fina donde se pueden practicar deportes como windsurf o kitesurf, gracias al fuerte viento que suele soplar en estas costas, o el popular “tumbing”, vamos…lo que viene siendo tirarse al sol cual lagartija.
Como ves, Essaouira es un lugar al que viajar sin prisa, bien para relajarse o para meterse en medio del bullicio de sus calles. Quizás dos días son suficientes para conocer esta hermosa ciudad, pero es seguro que el tiempo que permanezcas allí, te resultará escaso. Así que ten en cuenta este destino cuando prepares tu itinerario por Marruecos, y guarda un par de días para disfrutar de la perla del Atlántico.











