Descubriendo Puerto Escondido

Puerto Escondido

Por fin llegaba nuestra comida, estábamos muertos de hambre. El avión desde Cancún a Puerto Escondido había despegado con algo de retraso a las 6:55h de la mañana y el desayuno había consistido en una magdalena y un café de una famosa cadena, el único establecimiento abierto a esas horas en el aeropuerto.

Y ahí estábamos, mirando la enorme tlayuda que el camarero portaba con velocidad entre las mesas de colores y los cuadros de Cantinflas, Pedro Infante o Pancho Villa. Era el momento de hincarle el diente a este plato típico de la región y coger fuerzas para salir a conocer los secretos de Puerto Escondido, situado al sur del estado de Oaxaca.

Puerto Escondido

A decir verdad, muy escondido…no está. Pero lo bueno de visitar México en plena temporada baja tiene ciertas ventajas. En los mercados y restaurantes solamente deambulan los locales, y los hostels están más tranquilos de lo habitual. De hecho, nos pareció un gran plan realizar la excursión a la Laguna Manialtepec que nuestro alojamiento, el Tower Bridge Hostel, ofrecía dos días por semana.

Rich, un alemán asentado en el hostel desde hacía unos meses, fue el encargado de acompañarnos. Un enamorado de Puerto Escondido que encontró aquí un lugar donde pasar una larga temporada, no está nada mal la idea, visto lo visto.

Creo que una de las cosas más auténticas de viajar por México es subirse a un colectivo, rodeados de gente local, con la compra, con la mochila del colegio, volviendo de trabajar o desplazándose hasta su pueblo. Y entre esas personas, subiendo y bajando de la camioneta, nos hicimos un hueco junto a Rich y otra aventurera francesa que se unió a la excursión.

No sé si fue la charla, o la emoción del momento, pero el trayecto transcurrió en un santiamén, y avisando al conductor a través del timbre instalado en la parte trasera, descendimos del vehículo.

El Guayacán, ese era el nombre del varadero desde donde comenzaría el paseo en lancha. En realidad, ahí terminó la labor de Rich, el guía alemán, que en la hora y media que estuvimos esperando antes de zarpar, con la laguna como telón de fondo, se dedicó a hablar con los dueños del restaurante y a hacer cosas que no terminaron de gustarnos, hasta el punto de plantearnos regresar al hotel, al igual que hizo la chica francesa, poniendo como excusa que se encontraba mal.

Nos sentimos fuera de lugar, e incluso nos sentimos mal, llegando a pensar que quizás fuese culpa nuestra por no saber adaptarnos… ¿nos estaremos haciendo viejos o rarunos? Rich nos invitó a darle una oportunidad, insistiendo en que no nos arrepentiríamos. Y entonces, llegó Arturo, el simpático capitán del barco, y a partir de ahí, la cosa cambió.

Descubriendo Puerto Escondido

La Laguna de Manialtepec

Arrancamos los motores rumbo al centro de la laguna con unos nuevos acompañantes de última hora, cuatro chicos de Ciudad de México que se sumaron a la aventura.

Recorrimos la Laguna de Manialtepec por el lado sur junto a los manglares hasta llegar a la entrada del río, el cual, en los meses de Junio y Julio, en plena época de lluvia, se conecta con el mar. Navegando a través de cada rincón del río, Arturo nombraba cada una de las especies de aves que encontrábamos por todos lados, explicándonos su comportamiento y todo tipo de curiosidades.

Garzas, pelícanos, patos, águilas pescadoras y un sinfín de aves que conviven en este espacio, un espectáculo indescriptible que se disfruta aún más cuando el motor del bote se detiene y el sonido de la naturaleza domina el ambiente.

Para cuando el bote volvió a hacer girar sus hélices, había transcurrido un buen rato que pasó como un suspiro. Nos habríamos quedado allí durante horas, rodeados de manglares y aves, pero Arturo cambió de rumbo para seguir el río en dirección a la costa.

Lo especial de este tipo de excursiones en esta época del año es que daba la impresión de que éramos los primeros en navegar esas aguas y pisar sus tierras en mucho tiempo. Un pequeño embarcadero junto al río sirvió para atracar nuestro gran crucero, justo en el punto donde se unía con el mar en la playa de Puerto Suelo.

Puerto Escondido

Playa de Puerto Suelo

El ruido de un generador indicaba que cerca de allí debía haber una casa o restaurante, lo cual confirmamos en el momento en el que apareció Juanita de la única choza que se encontraba en la playa. Junto con su marido, Juanita regenta el restaurante Ribera del Río. Mientras ella se encarga de preparar la deliciosa comida y de atender a los clientes en las mesas junto a la orilla de la playa, él, disfruta de su tumbona, “sufriendo” mientras continúa viendo la tele, ajeno a la llegada de nuevos visitantes.

Una simple mirada a la playa es suficiente para comprobar la naturaleza salvaje de este lugar, sin hoteles¸ con vegetación intacta y con la fuerza del Pacífico rompiendo violentamente en la orilla. Fue una pena no haber podido disfrutar de un baño para finalizar una tarde redonda.

Playa Puerto Suelo

En lugar de eso, tuvimos la ocasión de disfrutar de unos sopes de queso y frijoles preparados por Juanita con mucho cariño, acompañados de una cerveza Victoria y un coco fresco, en el momento en el que el sol comenzaba a esconderse en el horizonte, lleno de color, intenso y único.

Arturo y Rich se afanaban en amontonar ramas y hojas de palma secas en la arena de la playa mientras seguíamos contemplando las últimas luces del día. Las llamas comenzaron a crepitar en el momento en el que empezaban a aparecer las primeras estrellas en el cielo.

Entre risas, cervezas y algodones de azúcar, al más puro estilo yanqui, comenzó una clase improvisada. Nuestro capitán de barco nos sorprendió con sus dotes de astrónomo, todo sabiduría este hombre. El puntero láser apuntaba a estrellas y constelaciones, y tumbados en la arena, solamente nos quedaba grabar ese momento en nuestras retinas.

Regresando por el río, aún nos quedaba una última sorpresa, el plato fuerte del día y el principal motivo de la popularidad de la laguna de Manialtepec. En mitad de la noche y en completa oscuridad gracias a la luna nueva, sin luces que pudieran restarle una pizca de magia, saltamos al agua para alucinar con la bioluminiscencia, uno de los fenómenos más curiosos que ya pudimos descubrir en Camboya.

Como si del mundo de Avatar se tratara, con cada movimiento de nuestro cuerpo, reaccionaban miles de partículas y microorganismos encargados de emitir destellos de luz durante unos pocos segundos. Una vez más, la naturaleza nos vuelve a sorprender.

Puerto Suelo

Al final resultó que el alemán Rich tenía razón, la experiencia valía mucho la pena, aunque quizás él fue más un mero intermediario, ya que el verdadero artífice de que este tour haya conseguido que nos enamoremos de este tranquilo y mágico lugar, fue nuestro capitán, Arturo.

Te dejamos el contacto de Arturo en el cuadro que está al final del artículo.


Las playas de Puerto Escondido

Es el momento de hablar de playas, como no podía ser de otra manera tratándose de un destino costero a orillas del Pacífico. Y es que Puerto Escondido es famoso por sus grandes olas, siempre perseguidas por surfistas de todo el mundo

Lo cierto es que el día en que visitamos la playa de Zicatela, una de las principales de la ciudad, la fuerza del mar no permitía ni siquiera acercarse a la orilla en busca de olas. Resultaba poco recomendable darse un pequeño baño y mucho menos aventurarse a coger olas con una tabla. Sin embargo, esa fuerza y las grandes olas que rompían junto a la orilla, daban un aspecto aún más espectacular a la playa.

Puerto Escondido

¿Qué se puede hacer en una playa casi vacía, con unos pocos restaurantes abiertos y en la que no puedes darte un chapuzón? Exacto, elegir un establecimiento, alquilar una hamaca y relajarse durante toda la mañana, entre en el sol y la sombra, con una cerveza fría en la mano.

Por recomendación de un buen amigo, fuimos en busca del restaurante Donosti, pero la búsqueda se frustró cuando comprobamos que en el lugar donde debía estar, nos recibía un cartel el cual indicaba que habíamos llegado al restaurante El Ancla. Al parecer, según su dueña, el propietario tuvo que dejar el negocio por una enfermedad y regresar a España. Sin ni siquiera conocerlo nos dio cierta pena, y nos hizo pensar de nuevo en la importancia de disfrutar del momento, de la vida, ya que en cualquier momento todo puede cambiar.

La simpatía de la mujer nos convenció de pasar la mañana en una de sus hamacas, disfrutando de la larguísima playa para nosotros solos, con un delicioso plato de guacamole con totopos y una refrescante bebida.

A primera hora de la tarde, el calor empezaba a apretar, y el cuerpo nos pedía un baño, así que nos dirigimos al siguiente destino, la playa de Carrizalillo, una pequeña y popular cala situada al oeste de Zicatela. El trayecto se puede realizar andando, en unos 45 minutos, pero el calor nos obligó a pedir un taxi para no desfallecer en el intento.

Puerto Escondido Carrizalillo

Unas escaleras marcaban el límite entre la carretera y la playa, aunque aún quedaba el último escollo, una bajada de casi 170 escalones. Pero no te preocupes, todo esfuerzo tiene su recompensa. Una cala de agua cristalina y frondosa vegetación, con algunos chiringuitos para combatir el calor, y donde por fin, disfrutar de un baño relajante.

Su popularidad y su tamaño hace que sea complicado encontrar un lugar tranquilo donde tumbarse, sobre todo, en las primeras horas de la tarde. Parecía que todos los turistas de Puerto Escondido se habían congregado aquí en una quedada en redes sociales. Sin embargo, merece la pena buscar un rincón para disfrutar del entorno. Para encontrar un rato de tranquilidad, lo mejor es madrugar, o esperar hasta la última hora de la tarde.

Y al igual que bajamos al llegar, toca ascender de nuevo los escalones para ir hasta nuestra última playa del día, justo a la hora del atardecer. En realidad, teníamos la playa de Bacocho marcada en rojo por una razón, la liberación de tortugas.

Esta vez, el paseo vespertino sí fue una buena idea, y en apenas 30 minutos estábamos en nuestro nuevo destino, Bacocho, una larga playa, salvaje, y en la que se encuentra la el campamento tortuguero “Vive mar”.

La labor de esta organización es la de conservar y vigilar de posibles robos en los nidos de las centenares de tortugas que se acercan a Bacocho para desovar, para posteriormente liberarlas.

Al llegar a la playa, nos encontramos con una larga zona acordonada junto a la orilla y casi medio centenar de personas con su tortuga metida en medio coco, lista para enviarla de nuevo al océano. Por un donativo de 100MXN es posible realizar esta actividad, y a su vez, se aporta un pequeño granito de arena para la continuidad del campamento.

Puerto Escondido

Comenzaba en ese momento otro espectáculo, el atardecer, el cual en Bacocho, se intensifica aún más. Buscar un lugar donde sentarse tranquilamente no es difícil, la longitud de la playa permite tener la sensación de estar prácticamente solos. El color de los atardeceres en este rincón del mundo nos recordó a los que disfrutamos durante nuestro viaje por Filipinas, increíbles.

Puerto Escondido tiene además otras playas que aunque no pudimos visitar, cuentan con buena fama, como la Playa Puerto Angelito o la playa Manzanillo, ambas muy cerca de Carrizalillo. Además, en la bahía, se encuentra la Playa Principal.


Mercado Benito Juárez y El Adoquín

Dos lugares que no tienen que ver el uno con el otro en lo referente a turismo y gente local. Por un lado, Benito Juárez, el mercado principal de la ciudad, es el punto de encuentro cada mañana de la gente local en busca de productos de la región, pescado y carne fresca, fruta, ropa, artesanía y por supuesto, restaurantes locales. Un lugar indispensable para descubrir olores y sabores que no se encuentran en otras partes de la ciudad.

Puerto Escondido

Los miércoles y sábados son los días en los que habitantes de pueblos cercanos se acercan a la ciudad para vender sus productos. Y allí, recorriendo los pasillos entre pescado y carne de res, llegamos a la zona de puestecitos de comida, y siendo la hora de desayunar, era el momento de probar algunos de los platos auténticos que allí ofrecían.

De entre todos los locales, una mujer nos llamó la atención, un cartel en la parte de detrás del local indicaba los tipos de jugos que ofrecía, y a su lado, el nombre del local, El Pedimento. Se esmeraba en preparar la masa de los sopes que posteriormente cocinaba en su plancha, junto a la cual se encontraban las diferentes bandejas con los ingredientes para preparar cada especialidad.

Mercado Benito Juárez

Sentados frente a ella, en la barra que tiene preparada para los comensales, pedimos sopes de picadillo de res y de papas con chorizo que nos preparó en un santiamén y que acompañamos con dos jugos de naranja de local de al lado. Simple, barato y delicioso, nos encanta comer en lugares así, comida típica real que además ofrece la posibilidad de tener un contacto más cercano con la gente del lugar.

Diferente resulta el famoso Adoquín de Puerto Escondido, llamado así por ser la primera calle pavimentada de la ciudad. Aquí, los puestos de artesanos ofreciendo sus productos, músicos callejeros y restaurantes se reparten a cada lado de la calle.

Este es uno de los lugares más populares de la ciudad entre los turistas, por eso, los precios aumentan considerablemente, sobre todo, en algunos restaurantes de comida internacional. Pero no te asustes, algunos locales de comida típica cuentan con ofertas para que puedas probar platillos mexicanos a precios más económicos.

Durante la noche, la calle cierra la circulación al tráfico, por lo que resulta muy agradable pasear de arriba abajo, parando en cada puesto, y disfrutando de un rato de música en directo.


Y así, entre playas, mercados y naturaleza, dejamos Puerto Escondido, un rincón junto al Pacífico que sirvió de perfecto punto de partida para nuestro viaje recorriendo el sur de México. Desde aquí, visitamos lugares como Mazunte o Zipolite, a apenas una hora y media de Puerto Escondido, pero eso…es otra historia.

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El Guayacán (Arturo)

Tlf. 9541322154 (México) 

laguna de San José Manialtepec, Km. 124

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